"La letra calla sobre el papel mientras los humanos ojos no llegan con su luz a ella"-(Álvaro Cunqueiro)
miércoles, 22 de octubre de 2025
YO TE DESEO LA LOCURA
miércoles, 1 de octubre de 2025
domingo, 21 de septiembre de 2025
EL PÁJARO INVISIBLE NO TIENE SOMBRA
Cosas que escribo
me ha parecido una etiqueta adecuada para estas entradas. Al pensar en ello,
recordé una frase de la escritora mexicana Josefina Vicens:
"Todo
esto y todo lo que iré escribiendo es solo para decir nada y el resultado será,
en último caso, muchas páginas llenas y un libro vacío."
Escribir, en mi caso, es un ejercicio de introspección: mirarme hacia dentro y dejar salir lo poco o mucho que la imaginación quiera ofrecer. Y aunque lo que surge pueda parecer una criatura extraña —no muy bella, a veces defectuosa—, sigue siendo mía. La presento con el orgullo de quien crea algo único, aun sabiendo que no es perfecto.
Lo que pretendí —y quizá logré— fue
contar, a través de una narradora íntima y confesional, la historia de una
familia marcada por la pobreza, la ausencia, los silencios y las tragedias que
se encadenan generación tras generación. Un relato que abre las compuertas de
la memoria y confronta lo justo e injusto de la vida: la muerte, la violencia,
los secretos y las heridas que nunca cicatrizan.
No busqué narrar grandes acontecimientos
externos, sino emociones internas. Quise entrelazar una historia íntima con temas
universales: la soledad, la culpa, el amor, el miedo al abandono y la
dificultad de discernir entre el bien y el mal en un mundo áspero.
En definitiva, esta es una novela que no
busca consolar, sino inquietar y remover, al adentrarse en lo más oscuro del
corazón humano.
CARTA AL AÑO 2176
martes, 16 de septiembre de 2025
LA LLUVIA EN EL DESIERTO
La lluvia en el desierto
Yo sólo vine a ver brotar
mi casa en el desierto.
Eduardo García, La vida nueva
Si mirásemos en este instante dentro de nuestro cerebro, la sorpresa sería monumental. Junto a terrenos activos, regados por las conexiones neuronales, encontraríamos vastos desiertos, extensiones secas y polvorientas que ocupan grandes territorios en nuestra cabeza, zonas vacías, carentes de cualquier forma de vida. Seguramente, si nos fuese dada la posibilidad de hacer ese viaje a nuestro interior, nos preguntaríamos cómo podríamos remediar esos secanos, esas circunvoluciones devastadas, esos piélagos sin nada de valor. La solución es más fácil de lo que pensamos: basta con leer.
Los buenos libros irrigan nuestro interior, fertilizan las regiones del terreno mental, hacen florecer zonas cerebrales hasta entonces yermas e inactivas. Algunas obras literarias, más complejas, conectan además unos sectores con otros, funcionan como ríos que unen y enriquecen zonas o unidades distantes y aisladas. Los primeros libros que leemos en la infancia actúan como gotas de lluvia, o como rocío fertilizador; los demás, tanto en la adolescencia como en la madurez, nos sirven de canales de irrigación y fecundidad; los primeros amplían o ensanchan el mundo, las siguientes lecturas lo adensan, lo vuelven más complejo y comprensible. Son necesarias largas cadenas de obras literarias para terraformar y habitar como es debido la mente y sobrellevar la existencia.
Leído cierto número de libros, que habría que cuantificar caso por caso (los necesarios, en resumen), un individuo se vuelve persona, un ser con raciocinio propio y con singularidad pensante. Conforma un terreno mental que no se parece a ningún otro, como no hay dos ciudades idénticas. Una persona introspectiva y leída implica un cerebro en cuyo interior unas partes reflexionan sobre las demás y se desarrollan con la estimulación mutua.
A lo largo de los años me he arrepentido de algunos hechos, y también de cosas que nunca hice, pero jamás me he arrepentido de ninguna lectura. Hasta las malas nos enseñan: por qué me molesta esto, por qué me parece mal escrito. He disfrutado de cada obra, porque la lectura es en sí un disfrute absoluto: desde que abres un libro y empiezas a recorrer palabras, no sabes qué va a pasar, pero un mundo comienza a construirse ante tus ojos y dentro de tu cerebro. Es un acontecimiento prodigioso, del que no puedes despegar la vista: cada palabra, cada frase, abren un nuevo río en tu mente. Y cada página, estés de acuerdo con ella o no, ya te ilustre o te indigne, te alegre o te sorprenda, fertiliza una parte de ti que estaba muerta o que nunca había vivido. Cada libro hace crecer tu mente y a ti con ella. Es como la lluvia en el desierto. Te convertirá en alguien más inteligente, más crítico, con más elementos de juicio para juzgar a los demás y para juzgarte. Umberto Eco decía que “quien no lee, a los setenta años habrá vivido solo una vida. Quien lee habrá vivido 5.000 años. La lectura es una inmortalidad hacia atrás”. Así es. Y, además, quien no lee es alguien que solo tiene una idea… y no es suya. ¿No es mejor disfrutar de múltiples vidas y asegurarnos de que nuestras ideas son, realmente, nuestras?
Manifiesto por el libro -Vicente Luis Mora
HAY OJOS
Hay ojos que miran, -hay ojos que sueñan,
hay ojos que llaman, -hay ojos que esperan,
hay ojos que ríen -risa placentera,unos hacia adentro -otros hacia fuera.
Son como las flores -que cría la tierra.
Mas tus ojos verdes, -mi eterna Teresa,
los que están haciendo -tu mano de hierba,
me miran, me sueñan, -me llaman, me esperan,
me ríen rientes -risa placentera,
me lloran llorosos -con llanto de pena,
desde tierra adentro, -desde tierra afuera.
En tus ojos nazco, -tus ojos me crean,
vivo yo en tus ojos -el sol de mi esfera,
en tus ojos muero, -mi casa y vereda,
tus ojos mi tumba, -tus ojos mi tierra.
lunes, 1 de septiembre de 2025
FRASE DE SEPTIEMBRE
En un mundo caótico, adquirir libros es un acto de equilibrio al filo del abismo.
(Irene Vallejo-Escritora española)
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