miércoles, 28 de enero de 2026

Brócoli, mocos y otras catástrofes: Tras un delantal, mil oficios

 


Brócoli, mocos y otras catástrofes no es solo un libro de anécdotas escolares: es un retrato honesto, tierno y, espero que   divertido ,de un trabajo tan imprescindible como invisibilizado. Desde el comedor escolar —ese territorio donde el puré puede convertirse en arma arrojadiza y una servilleta en objeto de consuelo—, he intentado recoger las pequeñas historias que rara vez llegan a contarse.

La voz es anónima, pero profundamente colectiva. Podría ser la de cualquier monitora de comedor, cuidadora silenciosa de rutinas, conflictos, lágrimas y risas. Aquí no importan los datos personales, sino la experiencia compartida: la de quienes sostienen el día a día de la infancia sin aplausos ni focos, pero con una paciencia infinita y una cuchara siempre en la mano.

Entre brócolis rechazados, mocos inesperados y catástrofes aparentemente mínimas, el libro construye un archivo emocional de la niñez. Cada episodio, por pequeño que parezca, encierra una victoria, una derrota o una lección. 

Leer estas páginas es sentarse en el comedor, observar, reírse (a veces por no llorar) y reconocer la importancia de quienes cuidan cuando nadie mira. 

Este libro lo he escrito desde la experiencia y desde la necesidad de homenajear a todas las trabajadoras y trabajadores de ese lugar tan poco reconocido ,tan cotidiano y lleno de humanidad 

Bienvenidos al comedor. Mantengan la distancia de seguridad… y disfruten del caos.

viernes, 2 de enero de 2026

LO QUE HE LEIDO ULTIMAMENTE


 Los suicidas del fin del mundo-Leila Guerreiro

A finales de los años noventa, en Las Heras, un pueblo aislado de la Patagonia argentina, ocurrieron los trágicos acontecimientos que se reconstruyen en Los suicidas del fin del mundo: una serie de suicidios de adolescentes (se cree que fueron alrededor de 22, aunque no existe una cifra oficial).

Leila Guerriero viajó allí, investigó durante meses y trabajó con entrevistas, archivos, testimonios y observación directa. Con un tono contenido y respetuoso, la autora construye una crónica periodística de lo sucedido: muestra los hechos sin dramatismos ni morbo. Primero presenta el contexto social, económico y emocional del pueblo; luego observa, escucha y deja que sean las voces de los habitantes —padres, amigos, docentes, médicos— de las víctimas las que vayan construyendo el relato.

Aunque los testimonios se contradicen y se superponen, y dejan más preguntas que respuestas, la escritora transmite magistralmente la desolación, la incredulidad, el miedo y las sospechas. No hay una verdad única: todas las versiones que se nos muestran son parciales e incompletas. Tampoco hay la consolación de una causa cerrada que permita olvidar y cicatrizar las heridas con una revelación definitiva de lo que realmente sucedió. El libro deja, inevitablemente, una sensación de tristeza.

Aun así, es un libro que recomendaría por varias razones: por la escritura precisa y honesta de la autora, por la magnitud de un drama tan terrible como misterioso y porque, para mí, un hecho real —aunque haya ocurrido al otro lado del mundo— es siempre una forma de conocer y dar voz a las víctimas anónimas de las tragedias.

Han cantado bingo-Lana Corujo

Aquí se cuenta  la historia de dos hermanas en Lanzarote, cuya rutina infantil se ve marcada por un juego cercano a un volcán llamado El Ahorcado y mucho más. Lo que comienza como un ritual inofensivo se transforma en una experiencia que genera miedos, silencios y culpas, mientras las niñas enfrentan una tragedia que no se narra explícitamente, sino que se percibe en la intensidad del relato.

La novela se construye a partir de recuerdos, fragmentos de la vida cotidiana y símbolos para hablar de la infancia y de los traumas sin resolver que permanecen a lo largo de la vida. La historia funciona más como un espejo de lo que queda sin decir y de cómo la protagonista procesa su pérdida.

Lo que más me impresionó es cómo la autora transmite tensión y emoción con recursos mínimos. Cada escena, cada diálogo, por insignificante que parezca, tiene peso. El ritmo es fragmentario pero coherente: la repetición de acciones, los detalles cotidianos y las voces que se insinúan construyen un clima que atrapa.

No es un libro lineal, y su fuerza reside precisamente en eso: obliga al lector a completar los vacíos y a acompañar a las hermanas en un mundo que se descompone lentamente. Lo recomendaría por su escritura sobria y precisa, capaz de transformar lo aparentemente simple —un juego, un paseo— en un relato profundo sobre la memoria de la infancia.


Sobre los huesos de los muertos-Olga Tokarcsuk
La novela parte de un crimen: el asesinato de un cazador en una zona remota de Polonia y cómo es encontrado por sus vecinos más próximos, con quienes no tenía buenas relaciones. Luego van apareciendo otros asesinatos que, en apariencia, no tienen conexión, y a partir de ellos descubrimos la tensión entre el ser humano y la naturaleza, la violencia latente y las contradicciones de una comunidad aislada. Hasta aquí podría parecer una historia sencilla, pero no lo es en absoluto.

Nuestra guía en este libro es un personaje peculiar: una mujer llamada Janina, independiente, amante de la astrología, defensora a ultranza de los animales y obsesionada con resolver por su cuenta los misteriosos crímenes.

Pero no nos engañemos: no es una trama policial tradicional. No hay pistas ni investigaciones inteligentes; más bien, se construye a través de pensamientos, actos y relaciones humanas que crean una atmósfera claustrofóbica y difusa.

Tokarczuk escribe muy bien. Es capaz de enganchar al lector con capítulos breves a una historia angustiosa e impredecible, donde los personajes son extraordinariamente realistas y hasta el paisaje funciona como un elemento activo y vivo.

Me ha gustado especialmente porque la fuerza del libro reside en la mirada constante hacia lo ambiguo: nadie es completamente inocente ni culpable, y eso nos obliga a prestar atención a lo que no se dice tanto como a lo que ocurre y lo recomendaría por su capacidad de usar un crimen como punto de partida, no para resolverlo, sino para mostrar las diferencias y conflictos entre los personajes.



Un verdor terrible-Benjamín Labatut

Un verdor terrible es un libro que se sitúa en la frontera entre la crónica, el ensayo y la ficción. A partir de historias reales del mundo de la ciencia —como las de Schrödinger, Heisenberg, Gödel o Oppenheimer—, Labatut explora las tensiones entre el conocimiento extremo y sus consecuencias éticas, psicológicas y humanas.

No es una biografía tradicional ni un texto de divulgación científica. Labatut mezcla hechos con reconstrucciones narrativas, a menudo intensas y fragmentadas, y lo hace sin delimitar claramente dónde termina la realidad y empieza la recreación. Eso puede incomodar, porque no hay respuestas claras, solo relatos que muestran cómo el avance científico también puede abrir puertas peligrosas al pensamiento y a la humanidad.

Lo que más destacaría es la manera en que el autor conecta ideas complejas con anécdotas humanas que a veces rozan lo inquietante. Cada capítulo funciona casi como un cuento independiente y, sin embargo, todos terminan dejando una sensación de vértigo: los descubrimientos que transforman el mundo también cambian la forma en que vemos la vida, la muerte y lo desconocido.

No es un libro fácil, porque yo, totalmente profana en ciencias, tuve que prestarle atención completa y aceptar la imposibilidad de comprender en su plenitud muchas de las nociones científicas que expresa. Pero tiene algo que me ha encantado: mantiene un pulso narrativo fuerte y un estilo que no se conforma con simplificar, aunque hace el esfuerzo de expresarse de manera que incluso las mentes menos familiarizadas con la ciencia podamos seguirlo, aunque sea parcialmente.

 






FRASE DE ENERO


No hay entretenimiento tan barato como la lectura, ni ningún placer tan duradero. 

(Mary Montagu-escritora británica)